Videoclub: ¿Qué hacemos con Pablo Illanes?

Escena de la película Videoclub dirigida por Pablo Illanes.
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Videoclub-InteriorDe verdad, qué hacemos: cómo lo justificamos, dónde lo ponemos, cómo lo ayudamos, enserio. Aquí tenemos un cariño especial por el slasher, respetamos a los zombies, nos apasionan las pelis terror, y luego de Videoclub, el segundo largometraje del escritor y cineasta chileno Pablo Illanes, quedamos con una sensación de desilusión difícil de resolver. Y no es que fuéramos con prejuicios al cine: no. Todo lo contrario. A pesar de esa caída al fango que fue Baby Shower (sin comentarios), y por algunas buenas críticas en redes sociales (suponemos que de sus amigos) fuimos a ver este film zombie chileno con muchas ganas de que fuera la obra maestra de Illanes, esa en la que por fin pudiera desplegar todo el conocimiento y amor que tiene por las películas B (y C y D), mezclado con su cool mirada a los años 80 y 90, y con el gran manejo del suspenso que ha logrado en un par de teleseries de su autoría. Le tenemos cariño a Illanes, había esperanza. Pero no.
 
La historia: 1992, Miguel (Pedro Campos) es un joven cinéfilo amante del cine que trabaja en un videoclub de barrio, y que hace cortos de terror con su hermana y su mejor amigo. Los padres de Miguel (Berta Lasala, Daniel Alcaíno) son conservadores, de derecha, y no están de acuerdo con su arte. Un día conoce a Daniela (Luciana Echeverría), socia del videoclub, una chica bonita y sexi de la cual se queda prendado. Toda esta primera parte de la película está bien lograda. Hay fallas de guión pero hasta ese momento se pasan por alto, hay algo que resulta, hay cine en esa media hora inicial. Hay una bella nostalgia del principio de los 90 mostrado desde los ojos de un protagonista que enternece y con un buen link a películas imprescindibles que se veían en la época. Bien. Pero entonces la Apocalipsis zombie: la gente comienza a contagiarse de una extraña enfermedad que los vuelve primero agresivos y luego muertos vivientes. Aquí es cuando todo se desploma.
 
VideoClub, queridos, es el festival del zombie pavre: apenas se salvan por un maquillaje bien logrado. ¿No había plata para más zombis? La población entera de Santiago es Alcaíno, un guatón, dos escolares y un motoquero? Por qué no ser más generosos con las locaciones? Con lo ansiosos que estamos los amantes del género de que alguien por una vez en la vida filme Santiago en un amanecer zombie y Pablo solo nos muestras una casa abandonada de Provi, dos calles aledañas y una panorámica ordinaria de un edificio quemándose digitalmente al final. Con lo que ha crecido la industria del cine chileno en la última década, al ver el nivel de producción al que se ha llegado, al ver los intentos por mejorar esa carencia de guiones buenos que siempre ha sido la pata coja de nuestra filmografía y viendo cómo se hacen esfuerzos por  sacar al cine nacional de lo amateur, llega Illanes y planta esta película, como ese alumno que a propósito se saca un 2 y le baja el promedio al curso entero. Rabia.
 
Teniendo dos géneros tan ricos como el slasher y los zombies, mezclado con los noventas que estéticamente son un deleite, no entendemos cómo Illanes, que ya tiene su carrete, pudo llegar a esta película que más parece la tesis de un estudiante de audiovisual. Y a veces queremos salvarlo diciendo » es un homenaje al género», pero si es así tampoco es digno.

Chile cambió, ya no son los 90, la industria creció y ya resulta impresentable mostrar este tipo de producciones. Hasta Olguín intenta dentro de su estilo llegar a un nivel superior. Y estar más bajo que Olguín  ya es mucho. Y no tiene que ver solo con el presupuesto,  se hacen cosas extraordinarias sin tanto dinero en este género, sino con el nivel del guión y con el buen gusto. Cuántas veces hemos visto ese personaje de Berta Lasala en la televisión: la caricatura de la señora facha con el chiste de  los comunistas que se comen a las guaguas. Basta: está bien para un sketch de Teatro en Chilevisión pero el espectador de cine chileno se ha sofisticado y ya llegamos a un punto en que no nos pueden hacer tragar ese diálogo.
 
En fin, tampoco nos gusta matar una película porque sí: de hecho nunca lo hacemos. Así que aquí van 7 cosas que rescatar de Videoclub para los que se animen a verla:
 
1 – El videoclub como un refugio del mundo en el despertar zombie es una idea bellísima.
2 – La escena cuando Manuel aclara que no le importa lo que piense la gente de sus películas es una autosalvada muy inteligente de parte de Illanes, hace que sigamos apreciándolo y esperando que llegue por fin su obra maestra. Siempre se respeta a un autor que no le tiene miedo a hacer lo que le gusta, a pesar de las críticas.
3 – Hay pequeñas escenas muy bien filmadas y estéticamente perfectas, como Ingrid Cruz mirándose al espejo al darse cuenta de que está contagiada o como la escena final de Ignacia Echeverría comiéndose un pájaro a la orilla el río, que termina en un beso asqueroso y sangriento muy bien logrado (les conté el final, pero la verdad es que no importa de nada).
4 – Ingrid Cruz está muy bien en su papel, es el único personaje, fuera del protagonista,  bien construído.
5 – El maquillaje es súper bueno.
6 – La música es interesante, hay temas muy rescatables, sobre todo la versión de Para Amar de Miss Garrison
7-  El chico Campos lo hace bastante bien.
 

Ficha Técnica:

Título: Videoclub
Título Original: Videoclub
Director: Pablo Illanes
Elenco: Pedro Campos, Luciana Echeverría, Francisca Díaz
País: Chile
 

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