Hannibal, demasiado bueno para no probarlo

Poster de la serie Hannibal protagonizado por Mads Mikkelsen

El lunes empieza la tercera y ¿última? temporada de Hannibal y así comienza el fin de una era. Ya no tendremos más enrevesadas conversaciones del Doctor Lecter con Will Graham o con su psiquiatra Bedelia Du Maurier. No habrán más víctimas asesinadas por las manos del refinado doctor ni tampoco gracias a sus manipulaciones. No soy la única que lamenta la decisión de que hayan cancelado esta serie y me resulta muy difícil creer que la culpa haya sido por su baja audiencia.

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En un principio Hannibal pudo haber perdido televidentes (quizás nunca los tuvo) que le fueran fiel a la historia de la película El silencio de los inocentes con la impecable actuación de Sir Anthony Hopkins -yo me encuentro entre esa gente-. Pero lo que ellos no supieron comprender es que Hannibal es el universo expandido de las películas y de las novelas de Thomas Harris (creador de este psiquiatra caníbal). La serie contiene la misma elegancia del Dr. Lecter de Hopkins, tiene el mismo «sentido del arte» (si se le puede llamar así) al momento de presentar los asesinatos y la misma oscuridad en los diálogos. Lo único que los diferencia es la modernidad, gracias a el desfase de tiempo en que fueron grabados (por razones obvias), y en la exacerbada teatralidad con la que juega la serie como aquellos momentos surrealistas en que Will Graham, el protagonista, imagina desde ciervos o ve a Hannibal como a un Wendigo -una criatura mitológica de la cultura norteamericana, se dice que es un humano de aspecto bestial asociado al canibalismo-. Teatralidad que en lo personal, me gusta mucho.

Su ambición estética Hannibal-09rara vez se ve en televisión y cuando se encuentra se agradece. Es un descanso visual de toda la chatarra que nos encontramos en el camino. Pensando a la rápida en algunas series que han presentado una propuesta así de jugada, se me ocurre True Detective (la primera temporada más que la segunda), Dexter, Penny Dreadful, aunque a ellos los ayuda el vestuario, ¿The Killing, The Returned? Corrijanme si me equivoco pero ninguna serie ha presentado una propuesta tan vanguardista como esta. El riesgo que corrió su creador Bryan Fuller al mezclar el arte con el asesinato y llevarlos tan al limite de querer crear una estética con ellos y salir airoso -sin quedar en ridículo- era grande. Pero lo logró. Logró que un totem hecho de cuerpos sea bellamente macabro.

Es difícil pensar que una serie de este tipo sea cancelada. Si bien su primera temporada sigue el mismo formato de las series de detectives en donde en cada capítulo presenta un asesinato distinto y hay dos personas investigándolos -en este caso Will Graham quien cuenta con la ¿ayuda? de Hannibal- siempre siguieron una línea diferente que «satisfacía apetitos más sofisticados». Pero luego su segunda temporada toma otro rumbo y se desliga del formato detectivesco clásico dando un paso hacia la oscuridad y ahonda en la enfermiza pero inevitable relación de Will con Hannibal. Ese es el punto de no retorno para las fans (en su mayoría) de la serie, quienes no resisten una historia de amor aún cuando se trate de un caníbal que no dudará en comerte si tiene la posibilidad.

Escena de la serie Hannibal protagonizado por Mads Mikkelsen
Me imagino que muchos quisieron dejar la serie después de ver alguna escena de crimen que trasgredía los limites de la imaginación o del estomago, pero cada vez que decíamos «nunca más», terminábamos volviendo. La curiosidad mató al gato y a nosotros también. Hannibal en el primer capítulo de la tercera temporada llamado «Antipasto«, mientras está asesinando a alguien a sangre fría, le pregunta a Bedelia Du Maurier (Gillian Anderson) «¿Observas o participas? ¿Estás tu en este preciso instante observando o participando?», a lo que Bedelia responde con una lagrima en los ojos «observando». Aún cuando se encontraba presenciando un crimen brutal la psiquiatra no pudo abandonar la habitación, la intriga por Hannibal era más grande. Y es en esa escena en donde interpelan al mismo espectador, diciéndonos indirectamente a nosotros que tampoco podemos dejar de verlo. Y así se da paso a la tercera temporada que nada tiene que ver con las anteriores. Esta vez los primeros siete capítulos son sobre temas pendientes entre Crawford, Graham, Verger, Chilton, Bloom y Lecter. Se tienen que terminar de atar todos los cabos sueltos. Se tienen que terminar todas las diferencias y elegir bandos. Somos amigos o enemigos. Todo esto para luego dar paso a la siguiente historia del Dragón Rojo.

Mads Mikkelsen, quien interpreta a este oscuro psiquiatra, es una de las razones por las que no podemos dejar de ver la serie. Cautiva su acento, su parsimonia al realizar los más brutales crímenes y sin duda su maestría al cocinar. Ya perdí la cuenta de las veces que ha hecho que me sienta sucia al darme hambre con sus platos caníbales. Y me obsesiona su obsesión con Will Graham. Claramente eso es amor. Enfermizo, pero de todas formas es amor, como él mismo bien lo va a demostrar en el capítulo «Primavera» de la tercera temporada.

Gillian Anderson es otro personaje que ha cautivado. Encanta su elegancia, su buen gusto, creo que nunca se había visto tan bonita y cuando aparece en escena uno casi tiene que dejar de respirar para poder escucharla porque su tono de voz no sobrepasa el nivel del susurro. Y pese a saber que está hablando con un psicópata caníbal y en cualquier momento se puede quemar, Bedelia a veces tiene la ventaja en la relación con Hannibal y a veces la tiene él. Ambos están continuamente jugando al gato y al ratón intercambiando los roles, con la única diferencia que es solo uno el que se va a comer al otro. Aunque en esta tercera temporada van a contar qué fue lo que ocurrió con la doctora y su paciente a quien tuvo que asesinar.

Escena de la serie Hannibal protagonizado por Mads Mikkelsen
 
Lo interesante, para quienes hayan tenido la oportunidad de hacerlo, es ver cómo en la serie han tomado gran parte de las escenas y diálogos de los libros de Harris y cómo lo han adaptado a su historia. A ratos han sacado diálogos completos y han reinterpretado escenas para que coincidan con la historia que están contando. Eso si tuvieron que dejar fuera los personajes de El silencio de los inocentes, ya que los derechos de ellos los tiene MGM y no quiso venderlos, por lo que no se pudieron usar en la historia ni Clarice Starling o Buffalo Bill, por mencionar algunos, como comenta Bryan Fuller, creador de la serie, en sus entrevistas.

Lo último destacable de la serie, es que se diferencia del resto de sus pares por la forma en que aborda los crímenes. Puede que a esta altura ya me consideren loca, pero los asesinatos no están llenos de odio, rabia ni venganza como es común en estos casos. Los que menos se perdonan son los del doctor Lecter, pero su justificación es que mata a gente sin buenos modales. Y lo que más agrademos las mujeres es que no es un programa misógino. Si se asesina a una mujer no es algo contra el género sino que simplemente ella estaba ahí y cumplía con los requisitos del asesino salvo los casos relacionados al Dragón Rojo ya que aquellos pertenecen a la historia original y querían permanecer fieles a su historia. Pero en general en Hannibal buscan la redención del asesino o del asesinado, buscan que la taza rota se vuelva a recomponer. En el caso de los hongos por ejemplo, el tipo quería volver a conectar a las personas entre sí, la señora de las abejas quería curarlos, otro creaba ángeles para que lo cuidaran, otra volvía a un vientre de un caballo y tenía por corazón un pajarito que creaba sus latidos. Las metáforas son llevadas al limite, pero aún así funcionan. Y en el resto de los casos, los cuerpos se usan como si fueran lienzos para crear «obras de arte». Como en el segundo capítulo de la segunda temporada «Sakizuke» donde un psicopata mataba gente seleccionándola por sus tonos de piel y cuando Hannibal lo mira desde arriba le dice «amo tu trabajo». ¿Pero acaso no somos nosotros quienes estamos mirando desde afuera admirando su obra?

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