Amanda Knox, jugando a ser detectives

Amanda Knox protagonista del documental de Netflix del mismo nombre que habla sobre el asesinato del que se le culpó.

“Un asesinato siempre llama la atención. Un poco de intriga. Un poco de misterio. Una novela policial. En un pueblo lindo y pintoresco en la cima de una colina en medio de Italia. Era un asesinato particularmente horrible. Degollada, semidesnuda y mucha sangre. ¿Qué más quieres en una historia?” (Nick Pisa, periodista de The Daily Mail). De eso se trata el documental Amanda Knox, ahora disponible en Netflix.

Todo comienza con Amanda, una joven de Seattle, quien decide ir a vivir una temporada a Perugia, Italia para estudiar y así independizarse y vivir nuevas experiencias. Estando allá se consigue un trabajo de medio tiempo, conoce a un italiano, Raffaele Sollecito y viven un intenso romance, pero la felicidad de esta pareja tenía fecha de vencimiento. Después de ser novios tan solo cinco días, una mañana Amanda vuelve a su casa tras haber pasado la noche con Raffaele. Nota ciertas cosas extrañas en su casa y le toca la puerta a Meredith Kercher, quien compartía la casa con ella. No responde. Para abreviar la historia, Meredith, joven británica, aparece muerta en su habitación. Después de una lógica cuestionable, los principales sospechosos del asesinato son Amanda Knox y su novio Raffaele.

El foco de estos documentales como Amanda Knox, Making a Murderer o The Jinx, no está puesto en el hecho en sí, es decir, en el asesinato, sino que en la metodología de investigación y la lógica que usaron los detectives para encontrar al culpable. También se centra en la reacción visceral del publico que rápidamente juzga a los sospechosos declarándolos inocentes o culpables, y en cómo la prensa en vez de ayudar a aclarar la situación o informar de forma imparcial, se dedican a echar a correr rumores, empeorando una situación que de por sí es grave.

Lo curioso de este caso, y esto ya es personal, es que Amanda llamó la atención de los detectives por las evidencias, obvio, pero lo primero que “perturbó” al detective fue su comportamiento con poco sentido común, eso hizo que se fijara en su apariencia y facciones que no generaban empatía alguna. Se habla sobre sus ojos y si se mira con detención a Amanda, incluso siendo espectador, se puede sentir un vacío en su mirada, y en toda la entrevista se siente una falta de sentimiento. Pero de ahí a que eso la convierta en una asesina, es otra cosa.

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